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Vista desde la Casa de Campo |
Madrid se explica clara y de forma
sencilla gracias al gato de Schrödinger.
Vamos a ello:
En este legendario tema de finales de
los setenta, Leño nos presenta, en una primera apertura de la caja, a
unas aturdidas ratas tapándose la nariz mientras buscan un punto de
fuga en ningún sitio.
En la segunda apertura las ratas han
conseguido estabilizarse gracias a un heroico éxodo basado en
permanecer inmóviles. Ahora se las ve muy cómodas entre las heces y
con las narices congestionadas por tanto polvo.
Muy poco después, Sabina realizó un
nuevo experimento por medio de Antonio Flores, que se llevó los
honores y las culpas. ¡Ancha era su espalda!
Se conoce que el polvo ha hecho
estragos entre las ratas. Estas creen haber recuperado su verdadera
naturaleza humana, y reconocen la caja tanto como un lugar
inhabitable como paradisíaco. Omitimos la observación de las
distintas aperturas. Resumimos el yin y el yang: ¡Esto es una puta mierda, pero como mola!
Pero una vez pasados los efectos de la
“Movida”, y la resaca de: “¡Rockeros: el
que no esté colocado, que se coloque... y al loro!” Llegaron
vientos nuevos, tan sensatamente avispados, como superficiales. Buscando la diversión pop a base de respetar los estop. Aparece la moda de los listos y los tontos (como las rosquillas de san Isidro), sustituyendo a la de buenos y malos, a la de subterráneos y pacíficos seres grises (y en esos cambios también tiene mucho que ver Schrödinger). En ésta ocasión los curiosos habitantes de la caja sabiéndose
observados se cubren con una hoja de parra. Ridículos pero
contentos. ¿El
dinero de papá nos llega
a fin de mes? ¿Sí? Todo bien entonces.
El caso es que se decide, por hacer del ingenio una gracia, o simplemente por joder, que algunas puertas se conviertan en muros. Y la gente va y se lo cree, y todos nos partimos de risa.
La historia continua, pero lo más
deslumbrante es el descubrimiento arqueológico efectuado años
después por los abueletes de Cine de Barrio mientras merendaban en
el geriátrico rodeados de globos. El temita, aunque último en esta
brillante exposición, es cronológicamente el primero, solo que lo había olvidado, y aún hoy permanece medio censurado, ya que el
periodo de su construcción coincide sospechosamente con el periodo
franquista, y ya se sabe, que no nos podemos fiar de nada pensado en
ese tiempo... Lo más curioso es que, el contenido de la caja, un
autentico chotis, soso y prepotente, como debe de ser, para representar debidamente el sitio; siendo totalmente real o lo
contrario, siguiendo a Schrödingel al pie de la letra; fue elaborado
por un mexicano que jamás pisó Madrid.
“nada es verdad, aquí
nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.”
(Nicanor Parra)